martes, 9 de agosto de 2016

XI - XX

XI
¿Qué es el ser humano,
si no que otro ser más,
que puede únicamente racionar,
para saber que sufrirá de antemano?
¿y qué es la vida,
si no que un engaño,
que a cada segundo más se liquida,
para concluir siendo de ella un extraño?

XII
Una piedra más en tu camino,
un rayo de luz más alumbrando tu destino,
una brisa más que arde al roce de tu cara,
una manera de disfrutar, despreciada.

XIII
Voy a bañarme en tus pupilas
forjando la llave de una prisionera vida,
buscado el gran secreto guardado 
en la hogaza del recóndito amurallado.

XIV
En un ambiente polémico,
la fría y cruda guerra aprieta,
mientras unos mueren de pena,
y otros de bombardeos inéditos.

Aquellos que mueren en vano,
de hambre, heridas o tiempo,
no podrán ser recompensados.
Sólo obtendrán mediático silencio.

En este mundo no hay balance,
la "suerte" la produce el nacimiento,
ya que tu futuro puede ser o cierto,
o morir ingratamente de hambre.

XV
Desatasqué el desagüe de las penas,
para que se hundieran en aquel sumidero,
las malas experiencias y recuerdos,
que alborotaban mis vulnerables esquemas.

XVI
Escurrirán las inquietudes
por el rostro desasosegado,
ya que, tú mis manos eludes,
en un intento de reconfortar
ese tuyo corazón hastiado,
por el sentir llamado amar.

XVII
Me dijiste que no escribiera
nuestra vida en una estrella
sin tener un sólido camino,
por el cual cruzar de alguna manera,
lo que nos deparará el destino.

XVIII
Voy a guardar este momento
de disfrute y plenitud con los míos,
para cuando quede poco trecho de río,
recordarlos apenado, con anhelo.

XIX
Desperté de un sueño profundo,
al igual que una liebre aletargada,
reconducí el camino, antes sin rumbo,
solo necesité una mueca de tu mirada.

XX
Y la vida continúa, sigue,
y todo permanece en cambio,
y todo cambia permanentemente.

Y parece constante, incontenible,
y todo cambia indudablemente,
y todo concluye modificado.

sábado, 30 de julio de 2016

I - X

I
Entre las ramas de un apocado invierno,
renovará la sed de primavera,
las hojas que llegarán y llegan,
para no hacer del frío un infierno.

Amanecerán los olmos descuidados
por la tardía primavera verde,
esperando la llegada de algo de suerte
que cubra sus tallos desabrigados.

Cuentan los días para la llegada
de la encaminada primavera,
los álamos de la alameda.

Mas yo aguardo la vuelta tan anhelada
de tu mirada franca, sincera...
de tu delicada tez color crema.

II
Caerán las gotas del olvido,
por conseguir severa calma,
tras imposibles deseos incumplidos
en una efímera madrugada.

III
Después de un aciago descanso,
regresa a su eterno sendero,
buscando un mejor compañero,
con el que olvidar el pasado.

IV
Seré tu libertad recortada,
las alas de un ave enjaulada,
el salto a la nada, al vacío,
la inmersión en un vago escalofrío.

V
La inmigrante alma tiene
deseo de reconstruir el mundo,
a pesar de que no le conviene
a la ridícula minoría de este absurdo.

VI
Donde tu realidad ya no sea un sueño,
aquel en el cual no de pensar dejamos,
donde quieres huir, escapar, amanecer,
ese rincón, ese lugar del mundo ingrato.

VII
En aquel rincón el cual el aire no toca,
en aquel recoveco donde yacen los sueños olvidados,
en aquel páramo resguardado de los últimos ocasos,
allí. Allí esculpiré tu nombre, mientras tu sonrisa me emboba.

VIII
El choque granítico de la marea,
marca el compás del inmediato futuro,
diluye el reflejo, del universo inseguro,
luz que los lejanos astros apedrean.

IX
Quedar, por lo que luchar, no queda nada,
soñar, por lo que descubrir, no tiene techo
con tu olor, empezar, no tiene precio,
empezar, sin tus caricias, denota drama.

X
Sucumbiré como lo hicieron otros tantos,
nadie recordará mi nombre
viajaré al más allá como cualquier hombre,
para reencontrarme con mis añorados.